Piero Mammana y una generación gloriosa


El glorioso viene de una familia apasionada por Instituto, jugó al básquet casi diez años, pasó miles de tardes en el club con sus amigos y la primera vez en el Monumental fue para recibir al plantel campeón tras el ascenso ante Chacarita en los brazos de sus padres.

Piero Mammana tiene 21 años y cuando tenía meses de vida sus papás, Luis y Rossana, le compraron la primera camiseta de Instituto: “Todavía tengo guardada. Me llevaron a la cancha por primera vez para recibir al plantel campeón después de la final con Chacarita en el Monumental”, recuerda el pibe.

Piero viene de una generación gloriosa, y lo cuenta con gran orgullo: “Soy la tercera generación de hinchas de Instituto en la familia. Todo empezó con mi abuelo ‘Pipo’ y su hermano Luis, que se criaron y vivieron siempre en Alta Córdoba. Ambos jugaron al fútbol en el club: Pipo llegó a jugar en reserva y Luis jugó varios partidos en primera. Mi abuelo es socio vitalicio por haber aportado plata para distintas obras en el club y todavía tengo guardados todos los carnet de socio de aquella época. El falleció hace casi dos años pero lo recuerdo con mucho cariño y pienso en el cada vez que Instituto hace un gol. Después siguió mi papá Daniel, que siguió por muchísimos años al club, jugó al vóley defendiendo la camiseta de Instituto y me transmitió esa pasión. Ahora quedamos mi primo Nacho y yo, encargados de honrar esta hermosa tradición familiar”, narra el glorioso.

Piero y La Gloria, un amor incondicional que se fue haciendo más fuerte con el paso de sus años en el club: “Desde que empecé a tener uso de razón me acuerdo de muchos partidos cuando estábamos en Primera, y mi familia siempre se ríe de que lloraba como loco y me ponía malo cada vez que perdíamos. Jugué casi 10 años al básquet en Instituto y de chico pasaba prácticamente todo el día metido en el club. Iba a la escuela de verano a la mañana y después me quedaba toda la tarde en la pileta con mis amigos. Me acuerdo que nos metíamos a escondidas a la cancha, los partiditos de fútbol en la cancha de básquet que está arriba del Sandrin, cuando el viejo Dani no nos quería dejar pasar si nos olvidábamos el carnet a pesar de que nos veía todos los días del año, los viajes de intercambio del minibásquet, los provinciales jugados”, cuenta el albirrojo.

Anéctodas en la cancha también tiene miles, en el Monumental, sus viajes para seguir de cerquita a la Gloria, y el orgullo que le da el presente del básquet: “Me acuerdo puntualmente llorar de la emoción con el gol de Damiani a Independiente, el 3-1 a Boca en el 2005, mi primer viaje para ver a Instituto. Hay una que ahora me da gracia y me parece imposible que vuelva a pasar: la primera vez que pisé el pasto del Monumental fue en un partido en 2009. Todos los chicos del minibásquet del club acompañamos a los jugadores de Atenas en el entretiempo para que les hagan un reconocimiento por salir campeones de la Liga Nacional. Imaginate, en aquella época era imposible pensar en tratarlos como rivales. Y menos como un clásico”, cuenta Piero.

Su ídolo es Daniel Jiménez y tiene a muchos jugadores a quienes respeta mucho: “Considero que además de todo lo que nos dio en cancha, ‘Miliki’ representa perfectamente al hincha albirrojo. De todas formas me hubiera encantado ver jugar a la ‘Lora’ Oliva, ‘Capé’ Sarría, Dertycia, Ardiles, Kempes, y tantos más. Soy un curioso y un enamorado de la historia del club. De todas formas, por mi edad, el jugador que más disfruté fue el Tanque Gotti”, reconoce Piero.

Más sobre el básquet: “Qué decir del básquet… A veces no caigo todavía que estemos codeándonos con los mejores clubes de América. A todo este proceso no me lo contaron, lo viví. Fui testigo de todo el proyecto que nos hizo estar donde estamos ahora. Me acuerdo las finales de la Liga Cordobesa en 2010 que perdimos contra San Isidro. Fue una tristeza inmensa, pero al año siguiente pudimos ascender contra Hindú. Con los chicos del básquet siempre nos juntábamos para ir a ver los partidos cuando había muy poca gente en las tribunas. Bulchi, Lucas Saúl, Decorey Young, Forastieri y tantos más… no me lo olvido más. En toda esa época no se le daba mucho interés al básquet. Los bancos de suplentes eran banquitos comunes, no estaban los carteles de publicidad electrónicos, a veces nos teníamos que cambiar en el baño porque los vestuarios no estaban en condiciones. Fue un proceso muy grande y hoy se me hincha el pecho de orgullo al ser grandes protagonistas del básquet nacional e internacional”, dice Piero.

El significado de ser socio del club para el glorioso: “Soy socio de Instituto hace 12 años, primero como grupo familiar y ahora como socio pleno desde que cumplí 18. Ser socio va más allá de no pagar entrada para ir a la cancha. Es el granito de arena que uno aporta, que nos hace realmente ser parte de un pedacito del club. Ser socio te da la posibilidad de participar en la vida institucional del club. Personalmente lo considero algo imprescindible cuando uno es hincha de un club. Aún sabiendo que probablemente no se pueda ir a la cancha hasta el año que viene, me acerqué al club y pagué hasta fin de año. Y sería muy bueno que todos los que tienen la capacidad económica lo hagan ya que es un momento muy duro y el club de verdad nos necesita. Instituto es mi familia, mis amigos. Es una rutina y hasta una prioridad. Mi ánimo general depende casi siempre de cómo le va a Instituto. A veces no se si es bueno o malo vivirlo de esa manera, pero a mi me encanta y no lo cambio por nada del mundo”. Piero Mammana, un Fanático de La Gloria.