Carolina Torioni, amor por La Gloria


De niña la llevaban a ver el Monumental, y allí se enamoró para siempre del gigante albirrojo.

La historia de Caro: “Mis nonos vivían en la calle Trafalgar, casi esquina Sucre. Allí se crió mi papá, Oscar. Para él, el club fue como el patio de su casa, pasó muchos momentos ahí, jugaba al básquet e iba con sus amigos a la cancha. Cuando era chiquita, almorzábamos todos los domingos en casa de mis abuelos y mi viejo solía llevarme a dar una vuelta manzana. Entonces podía ver el estadio, desde la perspectiva de niña se veía más grande aún, era imponente, me llamaba mucho la atención. Pero él nunca insistió con hacerme de Instituto, nunca me impuso nada en mi vida, siempre pude elegir”, cuenta la Gloriosa.

El amor por La Gloria lo llevó siempre adentro, desde esa imagen del Monumental que daba vueltas por su mente: “Vivía muy lejos del club, así que durante mi niñez no tuve un contacto directo.  Mis hermanas eran las dos de Belgrano, la mayoría de la familia de mi mamá, de Talleres. En mi cole pasaba lo mismo y yo para no quedar afuera decía que era de Belgrano pero Instituto siempre me daba vueltas en la cabeza, aún conservaba en mi mente esa imagen del Monumental”, narra Caro.

Hasta que un día, tomó la decisión: “Fue en la final contra Almagro que finalmente me decidí. En la previa del partido vi tan nervioso y angustiado a mi viejo esperando que arranque la transmisión. Me dio bronca verlo sufrir solito, sin poder acompañar a su equipo, sin nadie con quien compartir ese momento. Así que ese mismo día me hice una promesa. Si Instituto gana este partido, prometo acompañarlo a la cancha de ahora en más. Y así fue, desde ese momento Instituto nos unió aún más, casi 15 años yendo juntos a la cancha, con sol, lluvia, frío, calor, de día, de noche, tomando dos colectivos de ida y 2 de vuelta, en fin, en las buenas y en las malas”, narra la Gloriosa.

La lejanía, jamás fue un impedimento para seguir a La Gloria: “Siempre viví en barrio Lasalle, queda en la zona de Argüello, por la recta Martinolli al fondo, así que renegaba bastante para ir a la cancha porque tenía que hacerlo colectivo. Pero hace tres años me mudé a barrio San Martín, estoy a diez minutos del club. Me encanta porque puedo ir tranquila a los partidos de fútbol, de básquet, a la pileta, sin tener que hacer un viaje tan largo como antes” dice Caro.

El primer partido que vio fue frente a Argentinos Juniors: “Nos sentamos en el codito de la Popular Sur que da a la calle Jujuy. Aluciné al ver las tribunas llenas, los jugadores tan cerca, las banderas, al escuchar la hinchada. Ese encuentro tuvo todos los condimentos, muchos goles, ganamos 3 a 2 y al final se armó lío, hasta la policía tuvo que intervenir”, narra caro sobre ese partido caliente.

Fue amor a primera vista: “Me enamoré y ya nunca me separé. Soporté que me dijeran traidora (como mínimo) y que me cuestionaran hasta el hartazgo por haber “cambiado” de equipo. Pero poco me importó, me asocié y asistí a cada partido sin importar lo que pasara”, narra Caro.

Sus gustos futbolísticos: “‘Miliki’ es el primero que se me viene a la mente, es un ídolo. Pero también disfruté de muchos jugadores que, aunque no se hayan identificado con la camiseta de Instituto, nos dieron muchas alegrías, creo que eso es lo que importa. En ese sentido no soy tan “termo” como dicen los más chicos, a mí no me importa que se besen la camiseta, sino que dejen todo en la cancha y cumplan con la tarea para la cual fueron contratados. Otros nombres que se me vienen a la cabeza son el ‘Patito’ Raymonda, Josemir Lujambio, el ‘Mago’ Faurlin y Silvio Romero, por nombrar algunos”, cuenta la Gloriosa.

El básquet la llena de orgullo: “Empecé a ir gracias a unas entradas que me gané en Twitter. Lo invité a mi papá porque sabía de su amor por este deporte y tal como me pasó la primera vez que fui al Juan Domingo Perón, cuando conocí el Sandrín me enamoré. No voy a mentir, sabía muy poco de básquet pero con el tiempo fui aprendiendo. De todas maneras creo que no se trata tanto de cuánto conocimiento tenés si no de lo que sentís cuando estás ahí”, cuenta Caro.

Y añade: “Me hice fanática, no falto nunca. Primero iba sola, a veces me acompañaban mis amigos Charly o Gianni,  otras mi viejo o mis sobrinas y hace poco más de un año conocí a Sofi, una amiga que me dio el club y que se convirtió en mi compañera inseparable del Sandrin. Nos sentamos siempre en los mismos asientos, en la platea alta, atrás del banco local. Tenemos nuestro ritual en cada partido, la butaca 14 es de ella y la 15 la mía y nos enojamos mucho cuando nos ocupan los lugares (se ríe)”.

La caldera Ángel Sandrín en la visión de Caro y una linda anécdota: “Es un lindo ambiente, a veces parece que todos nos conociéramos. De hecho hace poco descubrí que el señor con el que siempre hablaba en la platea, terminó siendo ex compañero de básquet de mi papá. Al siguiente partido le dije a él que venga y se encontró con este compañero y con dos más”.

La reflexión de Caro: “En cuanto al equipo, es impresionante la evolución que ha tenido en estos últimos años. Pelearle la final de la LNB a San Lorenzo, llegar a la final de la Sudamericana, jugar la Champions. Creo que no dimensionamos la magnitud de todos esos logros. Por eso me duele que muchos hinchas culpen al básquet por las malas campañas en el futbol. Pienso que una cosa no tiene que ver con la otra y que deberíamos disfrutar de ver a instituto en lo más alto en cualquier disciplina”, dice la Gloriosa.

“Mi familia está compuesta mis padres, Teresa y Oscar, mis hermanas, Laura y Gabriela, mis cuñados Javier y Andrés, tres hermosxs sobrinxs Martina, Felipe y Leticia y mis perros Tito y Benito”, narra Caro.

Los partidos que más le gustaron en el Monumental: “No sé si puedo elegir uno solo. Quizás la promoción con Huracán en 2005 es uno de los que más disfruté, porque se jugaba la permanencia en primera, por la victoria y porque todo se dio con el toque de emoción del penal atajado por Caranta y la ovación que le dio el público cuando se fue reemplazado, si no recuerdo mal era el último partido que jugaría en Instituto”, cuenta la albirroja.

“También hay dos grandes remontadas que no puedo olvidar. Una frente a Almagro en 2005. Instituto terminó ganando por 3 a 2. No fue solo el hecho de darlo vuelta si no también el rival, creo que todos tenemos un sentimiento bastante particular con Almagro y no es bueno”, dice Caro.

“La otra fue un 4 a 3 frente a Newell’s. Fue un partido cambiante, emocionante y con el mejor final, me acuerdo patente el zapatazo de afuera del área de Juan Manuel Cobos y el estadio estallando de alegría”, narra Caro.

El porqué de ser de La Gloria: “Que mi papá sea hincha y que se haya criado en Alta Córdoba, sin dudas influyó en mi decisión, pero como dije antes nadie me impuso el amor por estos colores, fue decisión pura y exclusivamente mía. Por eso me duele un poco la famosa frase ‘de Instituto se nace’, yo creo que no, no importa cómo llegues a ser hincha, lo importante es amar al club y cuidarlo”, dice Caro.

Lo que más le atrae de Instituto: “Me gustan los rituales antes, durante y después de los partidos de fútbol y de básquet; los momentos compartidos con mi viejo, mi sobrina (gloriosa desde la cuna) y mi sobrino (que lo están tratando de convencer); los amigos que hice, compañeros de alegrías, broncas, catarsis, festejos; las gloriosas con las que me encontré, mujeres con un empuje fuertísimo que están trabajando por un club inclusivo, libre de violencia y que valore la participación femenina; la amistad que forjé con algunas, los momentos que compartí con todas ellas”, narra Caro.

“Me gusta nuestra capacidad de levantarnos aún de las caídas más dolorosas; el compromiso de los socios y socias que siempre están; nuestro origen ferroviario, la perseverancia de los trabajadores fundadores que soñaron en grande y no se detuvieron pese a las dificultades; me gusta saber que Instituto es mucho más que un club fútbol, también tenemos muchas disciplinas y cumple un rol social de contención; es parte de una comunidad, de la memoria y la vida cotidiana de miles de personas que lo sienten bien adentro de sus corazones; el club es nuestro lugar de encuentro y pertenencia genuino en tiempos en que todo nos lleva a aislarnos”, narra Caro.

El sentido de pertenencia de la Gloriosa: “Soy socia porque no concibo otra forma de ser hincha de un club. Entiendo a las personas que no tienen los recursos como para pagar la cuota, muchos hemos tenido momentos así y se entiende, más en contextos de crisis. Pero si tenés los recursos, no hay excusas para no ser socio. Es la forma que tenemos de aportar, de ayudar al club, de sostenerlo y de tener voz y voto para poder decidir sobre su destino. Sueño con llegar al número de socios que le permita a Instituto sustentarse por sí mismo. El potencial del club es increíble, las instalaciones, nuestra historia”, Carolina Torione, una Fanática de la Gloria.