Un abrazo de gol en La Agustina


“La cantera del mundo”, decidieron ponerle, y no es un gesto de soberbia, solamente describe a ese mítico predio que siempre genera futuros cracks. La Agustina es un lugar de pura humildad, como la plasticola y el papel, en tiempos de avanzada tecnología. 

Jugaba la Sexta de AFA y tras un remate preciso, Ángel Romero sella la victoria de Instituto sobre Estudiantes de Río Cuarto, en el torneo Complementario de las Inferiores de AFA, donde transcurren los sueños de los pibes que anhelan llegar a la Primera.

“Es un delantero fuerte, rápido, con buen remate de media distancia y de cabeza. Tiene mucha voluntad y es muy respetuoso”, describe sobre al atacante César Zabala, su entrenador.

Cuando Ángel convierte su gol, ‘Coco’ recibe una sorpresa: en el mismo campo de juego de la Osvaldo Ardiles, nombre que se le puso a la cancha en donde juegan los pibes, aparece corriendo Enzo, un pibito que también juega en la cantera albirroja y que es su hermanito.

El niño se abalanza sobre su hermano gritando de alegría y Ramón Álvarez, entrenador de arqueros de Instituto que estaba atrás del alambrado, dice: “Que lindo abrazo de gol, y justamente de su hermanito, esto es La Agustina. Si, esto es La Agustina”.

Ángel nació en Córdoba el 20 de marzo del 2001, vive en Barrio Hipólito Yrigoyen y siempre jugó de nueve. Hace nueve años que está en el club y su ídolo es Ramón ‘Wanchope’ Abila. “Mi hermanito está siempre, el Enzito. Siempre está bancándome atrás del alambrado. El me dijo a la mañana, antes del partido, que iba meter un gol. Por eso mi dedicatoria es para él. Mi objetivo es llegar a Primera, hacer historia en el club que amo y que soy hincha”, narró tras el partido el goleador de la Sexta.

Esa imagen es una historia simple, de plasticola y papel, pero quedó grabada en la retina de los presentes, para siempre. Como aquellos goles de Paulo Dybala mirando al cielo, o los de ‘Wanchope’ Abila que rompía las redes. Como esos carteles en cada cancha del predio que tienen el nombre de Kempes y Ardiles, que arengan a los pibes a nunca bajar los brazos. Eso es La Agustina, un grito de gol eterno.

Por: Juan Pablo Luna

Foto: Diego Roscop


Instituto ACC

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